Empezó siendo una especie de diario donde contar mis vivencias. Por otra parte, el maltrato de los inocentes animales me conmovió y quise defenderlos... Ahora, después de largo tiempo, será un "cajón de sastre" donde podrás encontrar varios temas: artículos, poemas, vídeos, reflexiones, aforismos y además entradas personales según vayan aconteciendo.
28 de junio de 2017
13 de junio de 2017
HASTA SIEMPRE MI THAIS, MI AMOR
Te echo de menos, mi querida perrita.
Ya no podías seguir a mi lado porque ibas a sufrir demasiado y no quise ser egoísta.
Tú sabías que te estabas yendo, que todos los esfuerzos para curarte fueron sólo
un paliativo que te ayudó a pasar tus últimos tiempos con apetito y acompañarme
en largos paseos.
Nos despedimos antes de llevarte. Y
tú supiste que era la despedida final en esta tierra. Te llevé en brazos, te
canté, me llenaste de lametones y yo te cubrí de besos. Y llegó el momento...
No te resististe, como otras veces. Tuve tu cabecita apoyada en mi brazo
mientras Hari te la volvía para que no vieras que te pinchaban en la vena de tu
bracito.
Luego, entraste en coma. Te abracé,
te hablé, mis lágrimas te mojaron y las llevaste contigo, mi amor, mi compañera
de vida, mi todo...
Tú sabes que te quise y te quiero. Y
allá donde te encuentres, algún día iré a buscarte; cuando Dios me llame a su
presencia, le preguntaré adónde puedo estar contigo, y con Coli y Tobi.
También te presentaré a mis otros
seres queridos humanos, a la minina... y de nuevo estaremos juntos amándonos
por toda la eternidad.
Hasta pronto, mi amor.
3 de junio de 2017
...Y DESPUÉS...
Me siento decepcionada, triste, no
puedo soportar la idea, sólo la idea, de que será muy difícil —tal vez
imposible— que los hermanos volvamos a reunirnos, a encontrarnos y conocernos
algo más.
Alguna vez dije que mamá resistía
para que nosotros, sus hijos, nos uniéramos, nos sintiéramos como una familia…
Pero no ha sido así.
Se han abierto heridas, cicatrices
que apenas se notaban volvieron a sangrar.
Lamento haber estallado la tarde en
que se nos fue la madre, y estallé sin remedio creo que por el ambiente espeso
y negativo que en ciertos momentos se respiraba. Me parecía una falta de
respeto para mi madre muerta, que alguien hablara de algo que decía que le
pertenecía porque ELLA, ya en el cielo, le había dicho que se lo dejaría a uno
de sus hijos.
La sospecha, el vacío, las
conversaciones aparte y el silencio atento de varios de los presentes, me
enervaron.
Algo se fraguaba y yo no sabía qué. Cuando
por fin, bastantes días después de la pérdida de mamá, me enteré de cosas que
me parecen innombrables —por respeto a ella— me invadió una profunda tristeza
que aún no quiere salir de mí. Es penoso, duele y deja sin sentido la esperanza
de volver a juntarnos todos alguna vez. Y es posible que sí, que volvamos a
vernos: espero que no sea para otro funeral. Es una idea que no resisto. De
once, ahora quedamos ocho. Y yo no quiero ver desfilar a otro hermano o hermana
—somos seis y ellos dos— camino del camposanto.
Dios no lo quiera.
21 de mayo de 2017
MAMÁ, SIGUES CON NOSOTROS.
Madre
mía, te has ido dormida. Nos dejas tu recuerdo agridulce, viva, pero inane,
encamada durante años hasta que el corazón se cansó de latir.
La
razón me dice que estabas viva y, posiblemente oías, pensabas, querías hablar y
no podías…
Y
eso, mamá era una muerte en vida. Tal vez sufriste durante esos años. Sé que tu
existencia no fue “de rositas”. Fuiste luchadora, tuviste once hijos y espero
que no llegaras a saber que otras dos hermanas se fueron antes que tú.
Ahora
que has pasado a la verdadera vida, te habrás encontrado con tus seres
queridos, los que perdiste en la vida terrenal. Ellos te habrán recibido
gozosos de volver a estar contigo, sin el lastre de un cuerpo enfermo y sin
remedio. Ellos te confortarán, estoy segura, y hoy ya estás a la derecha del
Padre y junto a la Virgen de Fátima, la peregrina, como lo fuiste tú… tantos
viajes obligatorios, todos íbamos y volvíamos y tú tenías que adaptarte de
nuevo a empezar de cero.
Sufriste
en esta vida terrenal, pero quiero que sepas que todos tus hijos te hemos
querido y valorado a pesar de los vaivenes de la existencia. Madre, ¿Verdad que
morir es como nacer? ¿Qué esta vida es un tránsito hacia la vida verdadera? Como
nacimos morimos, no traemos nada al nacer ni nos llevamos nada al pasar a la
otra vida, donde no hay dolor, ni enfermedad, ni sufrimiento ni muerte. Verás a
mi hijo con su brazo, a tu esposo joven y amoroso, a tus padres y hermanos, a
tus hijos, que nos dejaron desolados, y menos mal que no te lo dijimos. Ahora
están contigo con el amor que se tiene a una madre, que es inconmensurable.
Descansa
en paz en es nueva vida donde espero encontrarte, a ti, a mis hermanitos, a
todos los que quisimos y nos quisieron.
Espérame,
mamá… casi tengo la seguridad de que será la siguiente en llegar hasta ti.
Hasta siempre, mamá
9 de marzo de 2017
MIS HERMANOS
La semana pasada estuve unos días en madrid, en la casa donde está mi madre, aún encamada desde hace nueve años. Volví a verla, le hablé y le di un mensaje de su única hermana viva. Tengo que llamarla para decírselo, y no sé qué me impide hacerlo. No es desidia, lo sé... es que comentar las cosas que se viven, que son un cúmulo de pensamientos y emociones, cuesta. Tengo que obligarme a hacerlo.
Mi madre sigue igual, cada vez más mermada, apenas abre un ojo; y creo que ve y oye por el oído izquierdo. Si es así, si piensa, sé que está sufriendo. Muchas veces he pensado que tal vez ella esté aún viva —si así puede llamarse— para que sus hijos, nosotros, nos unamos. Y la única forma es vernos juntos y hablar de pensamientos y sentimientos, de nuestro devenir por la vida y tener la voluntad y el valor de expresar el afecto y la compasión.
Resulta difícil, pues desde niños se nos ¿educó? para no exteriorizar emociones, afectos, pensamientos... No sabíamos entonces compartir. Tarde ha sucedido, pero siempre es tiempo de reconciliaciones, de no temer rozar la piel de un/a hermano/a sin que aflorara una especie de vergüenza, timidez o ambas cosas. Hubo cierto miedo durante casi toda nuestra existencia y todos tragábamos, escondíamos cualquier gesto, palabra o expresión. El temor a la burla y al enfado, el miedo al ridículo, nos lo impedía.
Hoy tengo que decir que en esos pocos días todo fue distinto. Para mi sorpresa, al ver a mis hermanos nos abrazamos, nos interesamos unos y otros por los demás; a veces de uno en uno, otras, todos en la misma estancia hablando, riendo y llorando. Confieso que no pude contener el llanto al despedirme. Fueron demasiadas emociones, me sentí arropada y querida... Y no estaba acostumbrada tras tanto tiempo.
Por todo, me alegro de haber ido a ese encuentro que tanto añoré y eché en falta durante demasiados años. Por fin capté la humanidad de ellos y pude descubrir la mía. Siempre quise que fuera así... de manera que, como suele decirse, más vale tarde que nunca.
AMÉN.
AMÉN.
12 de febrero de 2017
MAYA
Domingo.
He
salido con mi perrita por la zona de mi barrio. He visto un precioso perro —parecía
un Golden retriever— en realidad, una perrita llamada Maya. La familia esperaba
al abuelo, que llegaba con Maya suelta, alegre y con expresión de felicidad. La
perrita fue recibida con alborozo por los niños, la madre y el abuelo, fue
besando a sus nietos mientras Maya trotaba y sonreía feliz.
Pensé:
Qué felices están todos, comparten la alegría, el paseo y las patatas fritas…
Miré
a Maya y ella contestó con una mirada alegre y sonreía más, si cabe. Entonces
sentí mi soledad ensanchándose más y más. Thais y yo nos fuimos alejando para
llegar a una avenida donde hay zonas de hierba, donde ella se revuelca boca
arriba para levantarse y sacudirse. Siguió el recorrido habitual volviendo a
tirarse en la yerba, disfrutando de su frescura.
Tras
descansar en un banco del parquecito, volvimos a recorrer el camino inverso
hacia casa. Maya y su familia ya no estaban. Por un momento regresó a mi mente
el hermoso cuadro amoroso de Maya y su familia, los niños abrazando al abuelo,
recibiendo a Maya y la mirada complaciente y feliz de la madre, la nostalgia —creí
ver un velo de tristeza en su mirada— del abuelo, que casi con seguridad volvería
a estar sólo consigo mismo en su casa; saliendo a tomar el sol en un banco
donde coincidía con otros abuelos, unos, callados; otros, discutiendo
amablemente sobre esto y aquello:
—En
mis tiempos… —y así seguía, volviendo a un pasado que fue presente.
Pueden
creer que, sin dudarlo ni un momento, sin avergonzarme ni sentirme menos
persona, recordé a Maya y sentí cierta desazón por no ser ella.
Decidí
cantarle a Thais para espantar la tristeza.
31 de diciembre de 2016
22 de diciembre de 2016
NAVIDAD
De
nuevo vuelven los días navideños. Las tiendas se llenan de gente, compran
regalos, quienes tienen niños piensan en lo que les gustaría a los pequeños. Los
supermercados y carnicerías están llenos, hay colas en todos los lados, y
esperan pacientemente su turno.
No
he querido pasar por esas tiendas, donde se exhiben cerditos recién nacidos
muertos, corderos, carne de los que fueron terneros… Las comilonas y los menús pantagruélicos son
hoy lo que para demasiada gente, simboliza la Navidad.
Marisco,
pescados caros, todo es poco para poner en la mesa. Compran champán vinos
generosos, licores y dulces, turrones de todo tipo —hay hasta de arroz con
leche— cuando no hace tantos años el mazapán, los polvorones, y el turrón, duro
y blando, las peladillas, eran los postres de quienes se lo podían permitir.
La
otra cara de la navidad se ve por las calles: gente sin techo, sin trabajo y
por tanto, sin dinero que despilfarrar. Son aquéllos olvidados, invisibles, los
que no pueden calentarse en días tan fríos, los que a duras penas llevan a su
familia pan y poca cosa más, como todos los días, si es que comen a diario.
Hoy
la navidad es un pretexto para empacharse, vestirse y competir, en lugar de
compartir.
Los
grandes almacenes, esos que desde los países ricos compran lo que se
manufactura a base de esclavitud, para venderlo a precios prohibitivos. Y es la
pescadilla que se muerde la cola; si no consumimos, a los esclavizados,
explotados y malparados se les termina el trabajo abusivo, pero que con ello
subsisten.
En
realidad, en Navidad lo que se celebra es el nacimiento del Divino Niño, que
con su ejemplo de vida —desde su humilde nacimiento a su muerte en la cruz— nos
enseñó que lo más importante es el amor, la solidaridad, la compasión y la
justicia social.
Y
sí… es bueno celebrar su venida al mundo reuniéndose con familiares queridos y
a veces lejanos hasta estas fechas, siempre que el amor, la armonía, la bondad
esté por encima del aparentar, saciarse aunque sea sin apetito, emborracharse y
amanecer para encontrarse con ‘las sobras’ y la resaca que la noche anterior
dejó botellas vacías y rostros rubicundos, chistes, risas y ruido, mucho ruido
de cohetes y demás artefactos explosivos que se venden aunque la ley lo prohíba.
No.
Hace años que no me gusta la Navidad. Más bien me entristece.
Y
a pesar de todo, me he visto entrando en un comercio para comprar turrón y
mazapanes… porque en Nochebuena vendrán mi segundo hijo y su esposa a cenar conmigo. Lo que más apreciaré será su compañía.
Al
fin y al cabo, tengo mis debilidades, les ofreceré lo que más les guste, aunque
en mi fuero interior recuerde a tantos seres queridos que partieron hacia la
eternidad, sobre todo, a mi primer hijo, que siempre está en mi corazón.
14 de noviembre de 2016
REQUIEM
Una madrugada, del 14 al 15 de noviembre, mi hermana pequeña se nos fue... Querida hermanita, tú sabes que te quería y te quiero, que estarás siempre en mi corazón y mi recuerdo. ¿Sabes? No hay día en que no estés presente, aún me cuesta creer que ya no estás. Sólo pienso que —como solía decir— morir es un lujo asiático cuando la vida se torna dolorosa sin analgésico que palíe el sufrimiento.
Y tú, querida pequeña, fuiste un grito en el desierto... Y luchaste, intentaste vivir con paz, amor, tranquilidad...
Y tú, querida pequeña, fuiste un grito en el desierto... Y luchaste, intentaste vivir con paz, amor, tranquilidad...
Esa noche no la olvidaré. Y menos el siguiente día, en la despedida, cuando el sacerdote dijo: No rezamos por ella; le rezamos a ella, que ya está viendo el rostro de Dios.
Hasta pronto, hermanita. Antes o después estaremos juntas. Y la alegría volverá, el amor prevalecerá, y seremos una sonrisa y nunca más un grito.
21 de octubre de 2016
NO PIENSO LLORAR-NOVELA
Novela: NO PIENSO LLORAR
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Tras años de guardar el original de mi libro "No pienso Llorar" decidí por fin editarlo. En breve estará disponible en librerías, tanto en papel como en formato Ebook.
No es una novela para lectores juveniles, es para personas adultas, que sientan inquietud por leer algo distinto a la novela negra, aunque "No pienso llorar" tiene visos oscuros y narra con naturalidad y a veces con crudeza, los avatares de una niña atípica, protagonista de la novela, con celajes de realismo mágico.
El mundo de los adultos se enreda en el infantil, de modo que sin que ellos se percaten, las interpretaciones de la niña que se mueve por el libro suelen escandalizar a los mayores, que desconocen que los niños piensan, cuestionan, inquieren respuestas, tienen un sentido de la justicia, ignorado tantas veces... Y Violeta —protagonista principal— no admite lecciones injustas.
Por ello, es una niña que piensa en la muerte desde la más tierna edad, impartiendo justicia y a veces venganzas que sólo ella conoce y que la resarcen de la falta de objetividad de las actitudes de sus mayores.
Etiquetada como "bellaca", despreciada e incomprendida, vive la realidad y lo irreal creando un mundo personal en el que se siente mejor.
Por la novela pasan personajes varios, adultos con quienes habla, comparte; cree que no puede ser parte de la familia por el diferente trato al que es sometida y piensa que nadie la quiere. pero se cuida de que no la vean llorar.
Dicen que es alocada, bellaca y la tildan de "avechucho". Todo ello deja una rémora persistente según va creciendo y, con toda seguridad, no ha superado...
Sí, es atípica, pero no una psicópata.
Yolanda Salanova
6 de julio de 2016
San Fermín llora sangre
Una fiesta de sangre y muerte,
que Heminguay inmortalizó en su libro “Fiesta” — que universalizó los “sanfermines”,
para mal de los inocentes toros— propició que españoles como extranjeros se
desplacen a Pamplona para participar en un espectáculo brutal e indigno de
cualquier país llamado ‘civilizado’.
El toro ya no sabe dónde pisar, trata de huir y defenderse.
Por más que los taurinos
defiendan “que es una tradición y no se puede tocar”, mucho menos quitar, no
deja de ser una carnicería cruel e innecesaria, que desprecia la vida de los
animales, sin respetarlos lo más mínimo.
Una fiesta en la cual la gente
se divierte con la tortura y asesinato de los toros, nobles animales, que
sienten y padecen sufren y sólo desean vivir tranquilos, es deleznable en sí
misma.
Quienes arguyen que “los toros son para eso, no sufren, les
gusta” hacen uso de falacias que nadie se cree. Es justificar actos
criminales contra seres sintientes y con derecho a la vida, al respeto y que deberían
ser cuidados, en todo caso, por quienes los tienen. Pero no: que no nos hablen
de ‘tradiciones’ y demás milongas; se trata del dinero, de las ganancias de
ganaderos, intermediarios, toreros, plazas, hoteles, bares, y encima genera
gastos del dinero público al ser subvencionados.
El alcohol corre por las venas de
la mayoría de los que participan en el acoso al que llaman “encierro”, que
viene a ser otro de los sufrimientos de los toros; para esperar el temible
momento de ser expuesto en el ruedo ante una masa vociferante, que hierve
cuando “el matador” —el verdugo— sale y empieza la masacre: uno a uno, los
toros son ‘picados’ —se los lancea para que pierdan fuerza y sangre durante demasiado
tiempo causando dolor y sufrimiento al inocente animal— y después arponeados; con los
arpones adornados con colores para disimular los seis arponazos que desgarran a las víctimas de la barbarie —los llaman banderillas— de los llamados humanos.
Y tras lucirse el torero-matador —nunca mejor dicho— con unos pases, entra a matar, a asesinar al toro torturado.
Si acierta, el toro ¡por fin!, morirá y terminará su martirio.
Pero si el toro
no muere, atravesado su cuerpo y vísceras por el hierro del estoque, agonizando y con estertores de
inmenso dolor, llega el que le da la “puntilla”, que tampoco acierta siempre...
Y venga a intentar llegar con el puñal hasta el bulbo raquídeo, de modo que ser
produce la parada cardio-pulmonar.
Pero no acaba ahí: Sin respeto
alguno, cortan las orejas y/o el rabo del noble animal, ya cadáver, para ofrecérselos
al matarife como trofeo de su asesinato. Mientras, suenan pasodobles
fuertemente, la gente grita “olé”... y el pobre toro, o lo que queda de él,
es arrastrado al interior de la plaza ensangrentada.
Si unos por acción y otros por
omisión, participan en crímenes tan abyectos, ¡que no traten de justificarse!, sabemos que la masacre de los animales es culpa de ellos. La sangre de
todos los animales masacrados, caiga sobre sus cabezas. Lo denominen como quieran los taurinos, son cómplices necesarios del Holcausto Animal.
Ojos de terror, caídas, los toros no saben por qué son acosados...
Es por la bestialidad de los primates humanos.
"Los animales son de Dios; la bestialidad es humana".
Víctor Hugo
Víctor Hugo
18 de junio de 2016
La muerte es vida
Sí... creo en otra vida mejor, donde no exista el dolor, donde seamos todos iguales y nos encontremos ajenos a lo material, donde sólo valga el amor. Quiero creerlo y es lo único que puede dotar de sentido a esta especie de purgatorio —o infierno— que nos despoja de esperanzas.
9 de junio de 2016
La tercera que se nos ha ido...
Pilarín, el día del bautizo de su última nieta, Clara.
Hoy,
día nueve de junio de 2006, ha fallecido mi hermana mayor.
Pilar,
Pilarín, a los 73 años de edad.
Se
ha ido un día nueve, como nuestro padre. Día como mañana 10, se nos fue nuestro
hermanito, el más pequeño; El pasado día dos, hubiera sido su cumpleaños, sólo
tardó una semana en dejar esta tierra de sufrimiento, dolor y muerte. Y Pilarín, hubiera cumplido años el 28 de julio.
Yo
sé que en verdad ellos descansan y que sufrimos y lloramos por nosotros mismos…
Por la ausencia, incluso se tiene cierto sentimiento de culpa por el pasado. Pero
también recuerdos hermosos de la niñez y juventud que pasamos todos juntos.
A
pesar de la noticia, estoy serenamente triste. Ella, cuando tenía miedo por la
noche, me consoló. Cuando estuve enferma del alma,me acogió en su casa durante
un mes, con sus hijos pequeños. Cuidó de mí y me protegió.
Claro que, como todos los hermanos de todas las familias, teníamos nuestras diferencias, otras, en cambio, fuimos compañeros de juego, cantábamos juntas, y ya mayores, fue la primera en casarse.
Claro que, como todos los hermanos de todas las familias, teníamos nuestras diferencias, otras, en cambio, fuimos compañeros de juego, cantábamos juntas, y ya mayores, fue la primera en casarse.
Tuvo
seis hijos, a los que conozco. Por desdicha, perdió uno antes de tiempo; al de unos años, lo perdí yo. Una madre nunca debería sobrevivir a un hijo. Y no tengo que decir por qué, todas las
madres lo sabemos.
Son la prolongación de nuestra vida, y cuando faltan es
una desesperación terrible la que se siente; y nunca, jamás salen del corazón,
pase el tiempo que pase.
También fue la primera que enviudó, la segunda, yo…
todos los hermanos —éramos once— perdimos prematuramente a los dos más
pequeños, contra Natura… Y ahora, se ha ido ella. Posiblemente sea yo quien le
siga, por el paralelismo de nuestro recorrido por la existencia terrenal,
aunque no puede compararse.
Hermana
mía, hoy te rezo, para que tú, hermana, nos des fuerza para soportar este
latigazo, hasta que podamos asumir que en esta tierra no nos vamos a ver. Pero
confío en que algún día, cuando llegue la hora final, nos encontraremos. De una
u otra forma.
La tercera de dcha. a izda, la más alta, es Pilarín. Aún éramos ocho hermanos. Los otros tres nacieron más tarde en Madrid.
Pobre
mamá… sé que ella presiente, aún en su estado actual, que Pilarín ya no está. No
se lo diremos, como tampoco le dijimos que ya no están tampoco nuestros queridos
muertos, ¿para qué aumentar su sufrimiento?
Sólo
vivió la muerte del pequeño, para todos fue terrible, para ella… ahora que me
falta mi hijo mayor, ¡tan joven!, puedo entenderlo.
La última foto de mi hermana (en el centro). Son las tres mayores de once hermanos; se fueron antes los dos más pequeños, y ahora ella, la mayor... Tu recuerdo vivirá en mi corazón. Porque "sólo se muere cuando se olvida". Hasta pronto, hermana. Ahora estás con quienes te quisieron en vida y te acompañan en tu tránsito a la vida verdadera. Amén.
Descansa
de tu dura vida terrenal, hermana mía; y ruega por los que todavía estamos aquí,
en este destierro que nos ha tocado ¿vivir? Muchas veces digo que morir es un lujo asiático... Al menos, su muerte ha sido rápida, ella tal vez no supo que se estaba yendo a La Casa Del Padre.
Quedamos ocho hermanos; no quisiera ser la última en marchar... Puro egoísmo.
2 de junio de 2016
NADA
Hay
días en que uno se levanta
con
las manos y los pies torcidos,
como
si en una tempestad de sueños
la
mente se quebrara con el frío.
Es
un frío interior del pensamiento
que
sin saber por qué te tiembla el alma;
la
carencia de metas la abandona
y
más que viva, inmóvil yo la siento.
Tarde
ya recuerdo lo pasado
para
borrar errores y agonías
mas
nadie vuelve atrás en este estado
sin
futuro, presente ni alegrías.
Ese
puñal que hiere poco a poco
sin
herida ni sangre coagulada
daña
mi ser inútil y apocado
y recuerda que sólo soy la nada.
31 de mayo de 2016
DESPEDIDA DE MI MADRE
*
Por fin llegué a Madrid. No me percaté de que era fin de semana y la mayoría de mis hermanos estaban fuera. Llegué a casa de mi madre; la tenían sentada frente al televisor y por la sonda gastroduodenal, la alimentaban.
No reaccionaba. Le hablé, le dije que siempre la había querido, que era una buena madre y que sigo queriéndola mucho. Me apenó verla así... con lo que fue ella, una mujer con carácter, independiente, buena con todos, aunque sus cambios de humor eran frecuentes.
Ella, cuando estaba bien dentro de lo que cabe, me pedía que le leyera, que tocara al piano canciones que le gustaban... Más mal que bien, interpreté una pieza que ella seguro recordaría, pues de joven, la tocaba Rafael Montalvo, un primo suyo; toqué un danzón cubano de Ernesto Lecuona... y algo que no pude terminar.
Hablé en tono alto para que escuchara bien, la acaricié, le dije: "mamá bonita, mamá buena"... Por último la besé en la frente, le acaricié el pelo y recé para ella la oración de San Francisco de Asís, de la que no recordé el final:
"Que El Señor te proteja y te guarde,
te muestre Su Rostro y tenga misericordia
de ti... Y de nosotros."
Después me fui a Atocha, para coger el AVE para Valencia; iba a quedarme algún día más, pero... mi perrita Thais no comía, pasaba todo el tiempo deambulando por la casa buscándome, triste, apagada. Pensé que con lo sensible y delicada de salud que está, podía pasarle lo peor, de modo que adelanté el viaje.
Cuando me vio, se puso contenta, caracoleó como un caballito, me dio lametones... Y entonces comió, bebió y aún estaba inquieta por si volvía a 'desaparecer.' Así que no he salido ni un momento, hasta que se acostumbre a ver que voy pero vuelvo en un rato. Ahora sé que no podré volver a menos que mi perrita pase el puente del arcoiris cuando, por desdicha, me deje en esta tierra, si es que Dios no me llama antes.
*Mamá, papá y mis tres hermanas mayores; Mis abuelos maternos y mis tíos, hermanos de mi madre.
26 de mayo de 2016
DESPEDIDAS
Pasado mañana salgo para Madrid. No es un viaje para disfrutar de mi familia; es de despedida. Tengo la intuición de que mi madre, encamada hace años, con una vida artificial, sólo vegeta.
Dicen que lo último que se pierde es el oído y el tacto. Por eso, tengo que despedirme de ella, hablarle y decirle que la he querido siempre y que ahora sigo queriéndola; a pesar de las discrepancias, a pesar de que fui —y aún soy— el patito feo de la familia...
Mis hermanos y sobrinos no me necesitan; tampoco me valoraron jamás. Se produjo un mimetismo en ellos. Como nuestros padres me castigaban con frecuencia y me humillaban... porque yo contestaba si no estaba de acuerdo; eso se consideraba una falta de respeto, no se podía tener criterio propio ni opinar lo contrario de lo que ellos consideraban axiomas.
Pero cuando mi padre se puso enfermo sin salvación, yo iba desde Bilbao a Madrid para cuidarle y descargar a mi madre del agotamiento. Entonces mis hermanos, los más pequeños, necesitaban cuidados y compañía. Sufrieron mucho, no asimilaban que somos finitos y mi padre no era una excepción. Fueron cuatro meses de agonía y, lo peor, es que él quería vivir a toda costa... pero todos sabíamos que eso no pasaría.
Mi madre enviudó... a partir de entonces, como siempre, cuando tenía vacaciones iba a acompañar a mi madre y a mis pequeños hermanos.
Cuando crecieron, mamá se quedó muy sola; solía llamarme para que fuera a Madrid a pasar días y días con ella.
Soporté sus cambios de humor: hoy era simpática, hablábamos y hasta me pedía que tocara el piano para ella: ella, que era una pianista virtuosa, —lo que acreditó el Conservatorio de Madrid. Se presentó por satisfacción propia; el tribunal se puso en pie, los aplausos no cesaban... —Yo tenía una gran admiración por ella, por su arte. —Ni siquiera Rubinstein, ni menos Iturbe, la superaban.
Y al día siguiente no me soportaba, me hacía la vida imposible... entonces comprendía que tenía que marcharme.
Volvía a bilbao hecha unos zorros, diciendo que no iba a ir más. Mi esposo me decía: No lo creo, aún no has roto el cordón umbilical con tu madre. Y como siempre, tenía razón. Siempre que me lo pedía, cogía el primer medio de transporte y me plantaba en su casa.
Después, ya mayor, llegaron los ictus. Se recuperó del primero, incluso del segundo... estuvo a las puertas de la muerte; pero como mi padre, ella quería vivir, a pesar de la muerte pòr suicidio de mi hermano, el más pequeño y más querido por mí; la tragedia nos descolocó a todos, a ella y a mis hermanos.
Yo lo había acunado, le cantaba hasta que se dormía, ¡mi queridísimo pequeño! Te vi dormido en el tanatorio y no tuve valor para soportar que te metieran en la tumba donde descansaba nuestro padre. Y me fui, dejando una rosa de té a uno de mis hermanos para depositarla cuando le dieran tierra.
Me fui, sí, porque él no me necesitaba ya.
Me tuvo siempre estando vivo... ya nada podía hacer por él.
Mi madre no quiso que tres de sus hijas fueran a su casa, entre ellas, yo... ¿Por qué? No lo sé y nunca se lo pregunté.
Mis viajes a Madrid eran tan frecuentes como ella decidía. al final, me necesitaba. Y ahora... ahora no me reconocerá, pero yo sí sé quién es ella. Por eso quiero despedirme por última vez.
También visitaré a mi tía, la única hermana que le queda a mi madre; mis hermanos no quieren saber nada de ella, es más, no le permitieron que la viera... y menos que la cuidara.
También me despediré de ella, porque tal vez sea la última vez que nos veamos. Mi tía me quiere, me demuestra cariño, me llama y se desahoga. Le doy ánimos y procuro quitarle hierro a todo.
No quiere decir que yo sea buena persona, ¡qué va!, lo que sucede es que quizás los palos que me dio la vida hayan conseguido que tenga más comprensión, compasión y pueda ponerme en la piel de los que sufren.
Creo que estamos aquí para aprender y enseñar lo aprendido no sólo con palabras, sino con hechos.
Me quedé muy sola con mi dolor, pensé en desertar de una vida que creí inútil; era un estorbo, un trasto rebelde que no soportaba la injusticia.
Me ha costado mucho decidirme, ni tan siquiera sé si me daré la vuelta y no cogeré el tren... Espero superar el rechazo a encontrar a mi madre muerta en vida... La última vez no podía dejar de llorar.
Y además recordaba a mi amado hijo: él tenía que tratarse en el oncológico Clara Campal, pioneros en investigación, tratamientos, ensayos clínicos... Aunque mi Juan vivió, mal que bien, con rachas mejores y otras dolorosas... no quería que lo acompañara para que no sufriera.
Y se quedaba esos días en casa de una hermana que vive en el piso de arriba. Y eso me derrumba, parece que lo veo tumbado en el sofá, porque no podía sentarse a la mesa, ya le fallaban las fuerzas.
Nunca se quejó, se hacía el duro; pero tanto su esposa como su hermano —uña y carne— y desde luego yo, sabíamos cómo estaba... en la recta final.
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