26 de mayo de 2016

DESPEDIDAS



Pasado mañana salgo para Madrid. No es un viaje para disfrutar de mi familia; es de despedida. Tengo la intuición de que mi madre, encamada hace años, con una vida artificial, sólo vegeta. 
Dicen que lo último que se pierde es el oído y el tacto. Por eso, tengo que despedirme de ella, hablarle y decirle que la he querido siempre y que ahora sigo queriéndola; a pesar de las discrepancias, a pesar de que fui —y aún soy— el patito feo de la familia... 


Mis hermanos y sobrinos no me necesitan; tampoco me valoraron jamás. Se produjo un mimetismo en ellos. Como nuestros padres me castigaban con frecuencia y me humillaban... porque yo contestaba si no estaba de acuerdo; eso se consideraba una falta de respeto, no se podía tener criterio propio ni opinar lo contrario de lo que ellos consideraban axiomas.

Pero cuando mi padre se puso enfermo sin salvación, yo iba desde Bilbao a Madrid para cuidarle y descargar a mi madre del agotamiento. Entonces mis hermanos, los más pequeños, necesitaban cuidados y compañía. Sufrieron mucho, no asimilaban que somos finitos y mi padre no era una excepción. Fueron cuatro meses de agonía y, lo peor, es que él quería vivir a toda costa... pero todos sabíamos que eso no pasaría.

Mi madre enviudó... a partir de entonces, como siempre, cuando tenía vacaciones iba a acompañar a mi madre y a mis pequeños hermanos.
Cuando crecieron, mamá se quedó muy sola; solía llamarme para que fuera a Madrid a pasar días y días con ella. 
Soporté sus cambios de humor: hoy era simpática, hablábamos y hasta me pedía que tocara el piano para ella: ella, que era una pianista virtuosa, —lo que acreditó el Conservatorio de Madrid. Se presentó por satisfacción propia; el tribunal se puso en pie, los aplausos no cesaban... —Yo tenía una gran admiración por ella, por su arte.  —Ni siquiera Rubinstein, ni menos Iturbe, la superaban.
Y al día siguiente no me soportaba, me hacía la vida imposible... entonces comprendía que tenía que marcharme. 
Volvía a bilbao hecha unos zorros, diciendo que no iba a ir más. Mi esposo me decía: No lo creo, aún no has roto el cordón umbilical con tu madre. Y como siempre, tenía razón. Siempre que me lo pedía, cogía el primer medio de transporte y me plantaba en su casa.

 

Después, ya mayor, llegaron los ictus. Se recuperó del primero, incluso del segundo... estuvo a las puertas de la muerte; pero como mi padre, ella quería vivir, a pesar de la muerte pòr suicidio de mi hermano, el más pequeño y más querido por mí; la tragedia nos descolocó a todos, a ella y a mis hermanos. 

 Yo lo había acunado, le cantaba hasta que se dormía, ¡mi queridísimo pequeño! Te vi dormido en el tanatorio y no tuve valor para soportar que te metieran en la tumba donde descansaba nuestro padre. Y me fui, dejando una rosa de té a uno de mis hermanos para depositarla cuando le dieran tierra. 

Me fui, sí, porque él no me necesitaba ya.
Me tuvo siempre estando vivo... ya nada podía hacer por él.
Mi madre no quiso que tres de sus hijas fueran a su casa, entre ellas, yo... ¿Por qué? No lo sé y nunca se lo pregunté.

Mis viajes a Madrid eran tan frecuentes como ella decidía. al final, me necesitaba. Y ahora... ahora no me reconocerá,  pero yo sí sé quién es ella. Por eso quiero despedirme por última vez.



También visitaré a mi tía, la única hermana que le queda a mi madre; mis hermanos no quieren saber nada de ella, es más, no le permitieron que la viera... y menos que la cuidara.
También me despediré de ella, porque tal vez sea la última vez que nos veamos. Mi tía me quiere, me demuestra cariño, me llama y se desahoga. Le doy ánimos y procuro quitarle hierro a todo. 

No quiere decir que yo sea buena persona, ¡qué va!, lo que sucede es que quizás los palos que me dio la vida hayan conseguido que tenga más comprensión, compasión y pueda ponerme en la piel de los que sufren.
Creo que estamos aquí para aprender y enseñar lo aprendido no sólo con palabras, sino con hechos.

Me quedé muy sola con mi dolor, pensé en desertar de una vida que creí inútil; era un estorbo, un trasto rebelde que no soportaba la injusticia. 

Me ha costado mucho decidirme, ni tan siquiera sé si me daré la vuelta y no cogeré el tren... Espero superar el rechazo a encontrar a mi madre muerta en vida... La última vez no podía dejar de llorar. 
Y además recordaba a mi amado hijo: él tenía que tratarse en el oncológico Clara Campal, pioneros en  investigación, tratamientos, ensayos clínicos... Aunque mi Juan vivió, mal que bien, con rachas mejores y otras dolorosas... no quería que lo acompañara para que no sufriera. 

 
Y se quedaba esos días en casa de una hermana que vive en el piso de arriba. Y eso me derrumba, parece que lo veo tumbado en el sofá, porque no podía sentarse a la mesa, ya le fallaban las fuerzas. 
Nunca se quejó, se hacía el duro; pero tanto su esposa como su hermano —uña y carne— y desde luego yo, sabíamos cómo estaba... en la recta final.

Quizás mi madre no descansa ya en el Amor de Dios, esperando que su única hermana viva y yo, vayamos a despedirnos. Por esa razón —o sinrazón— me obligo a ir por, probablemente, última vez.










12 de mayo de 2016

TAHIS


Mi perrita Tahis —yo la llamo TAI— está cada vez más apagada. Hoy la noto más desorientada, y es que tiene un soplo, que denota una insuficiencia cardíaca, probablemente por alteración de las válvulas del corazón. Puede ser que haya una estenosis —estrechamiento— de la arteria aorta, o que las válvulas cardíacas esté endurecidas y no cierren bien... descarto el soplo debido al gusano del corazón

La adopté a pricipios de 2013 y ya cumplió doce años. Es una preciosa Téckel negra, buena, cariñosa, todo lo que diga de ella es poco. Mi objetivo es que tenga calidad de vida, que sea feliz. Si ella no lo es, yo tampoco.

No hace mucho le salió un tumor mamario que hubo que extirpar, y parece que no se ha reproducido, gracias a Dios.


Lo que me preocupa es su corazón, grande, lleno de amor, tierno, pues quiere a todo el mundo, sobre todo a mí y a Luis, quien también la adora y cuida, la lleva a pasear... Y su corazón está malito, temo que no muy tarde me faltará... Y ya sería el tercer perrito que pierdo. 

Después de Tai, no pienso en otro perrito: sé que pasaré por un largo y doloroso duelo, como con mis otros queridos perros... No podría criar un cachorro por mi edad y porque lo dejaría huerfanito... Y creo que lo peor que le puede pasar a un/a compañer@ de vida es que nos vayamos antes que ellos. 
Deprime verla tan apagada, desorientada, y eso que tiene ganas de vivir. La tengo hace tres años y ella me ha salvado del estado de tristeza, sin motivo para seguir en esta vida, prácticamente vegetando y esperando la hora del final.


Sí... aún me queda un hijo, él me mueve a seguir, le quiero con locura, daría mi vida por él... pero en  los corazones anchos cabe todo el amor por nuestros seres queridos.
Mis hermanos no me necesitan; mi hijo, gracias a Dios, está felizmente casado, lo sé y me lo demuestra, me quiere. Pero tampoco le soy imprescindible.

Por esa razón, cuando tras convivir estrechamente con mi perrita TAI tres años me informan que el soplo se ha intensificado —hay grados—, mi preocupación es directamente proporcional a mi tristeza. 
He perdido a los seres más amados, cada vez, pierdo un ala del corazón.
Y la posible falta de mi perrita es como si no lo tuviera ya.


Cuando era pequeña —ingenua de mí— todas las noches rezaba para que muriera yo antes que la gente que quiero, entre ellos, mis queridos hermanos menores, mis perritos. No ha sido como pedí. Y debo aceptarlo.
 
 

29 de abril de 2016

LOS HERMANOS.

Hace tiempo que no veo a mis hermanos. Años en los que a diario los recuerdo, no puedo entender el motivo que me impide coger un tren y en menos de dos horas volver a hablar y recordar las cosas sencillas, que suelen ser las más importantes.
A ellos dedico la canción que canta por mí Mercedes Sosa.

27 de abril de 2016

TU CUMPLEAÑOS





Hola, Juan, mi querido hijo:
Hoy es el día de tu cumpleaños. Cumplirías treinta y seis, dos más que tu hermano Julen. Seguramente sabes que el año pasado se casó... ¡quién lo iba a decir! Sé que estuviste junto a nosotros; ese día, llevé la pulsera que me regalaste la última Nochebuena que pasamos juntos... como hubieras querido que me la pusiera, por vez primera; antes, estando tú enfermo sin esperanza de curación, no pude hacerlo. La llevé en tu honor con tu recuerdo presente de forma constante, como estás en mi mente y corazón cada día.
Hoy quiero felicitarte, porque sé que lo que llamamos vida no es más que un tránsito a la verdadera, un sueño que en muchas ocasiones se torna pesadilla para volver a esa realidad en la que soñamos despiertos, esperando que lo que más tememos suceda... Y sucedió.
No te preocupes, si eres feliz, estás con papá y mis dos hermanos, los que partieron antes y que tanto quise, celebra con ellos tu cumpleaños.
Verás: voy a poner a continuación uno de los cuentos de los muchos que escribiste para los hijos de tus amigos, ¿Por qué no? Tu mente madura nunca impidió que tu alma guardara al niño que fuiste...
Hasta siempre, hijo mío, mi amor está contigo y el tuyo me serena a veces; otras, te recuerdo, siempre con el orgullo de tener unos hijos como tú y Julen, y doy gracias a Dios por haberte tenido esos años (¡qué cortos!) y tener, ojalá por mucho tiempo, a tu querido hermano. Ahora, tu relato:



La extraña pesca de Jeremías
Juan Urrutia Salanova

Manuel y su hijo Diego salieron a la mar en su viejo barco de madera, como tantas otras veces, pero no sabían que ése no sería un día normal: un extraño personaje estaba a punto de cruzarse en su camino.

Vieron algo a lo lejos, una barquichuela, y en ella un pescador que parecía tener problemas. Se acercaron a toda velocidad para socorrerle y, cuando ya estaban cerca, se dieron cuenta de que sus luengas barbas estaban enganchadas bajo el casco de la embarcación y el pobre marino tiraba con fuerza de ellas.
—Buenos días, ¿necesita ayuda? –Dijo Manuel-
—¡Rayas y centollos, digo, rayos y centellas! No necesito que nadie me ayude, ¿no veis que estoy pescando… ?
—¿Pescando? —Preguntaron padre e hijo estupefactos.
—Esperad un momento y podréis verlo…—Dijo el viejo marino con media sonrisa pícara.

Aquel hombre comenzó a tirar y tirar de sus larguísimas barbas. Por más que lo hacía parecía que nunca terminaba de recogerlas, entonces, un pez apareció entre ellas, y tras él muchos más, todos atrapados entre los recios pelos del barbudo. Tras echar los peces en un gran cesto, ante los ojos incrédulos de Manuel y Diego, sacudió su imponente barba y, haciéndola girar en el aire, volvió a arrojarla a la mar.
—Es increíble, córcholis, caramba… —Dijo el niño asombrado.

Manuel se rascaba el cogote, mientras masticaba un pedazo de carne en salazón, totalmente asombrado. Cuando estaban a punto de marcharse, algo tiró con fuerza de las barbas de este curioso personaje, pero con mucha, mucha fuerza.

—Tengo uno muy gordo, es enorme y tira como un toro, no, como dos toros… ¡Rayos, tira como...! Y no pudo decir más, porque el gran pez le arrastró hasta el agua.

—¡Socorro, auxilio no quiero morir sin desayunar! —Gritó desesperado el marino.

Entonces, un tiburón de más de cinco metros salió a la superficie y comenzó a avanzar hacia el pobre barbudo, mientras se comía sus barbas. Al ver esto, Manuel le dijo a Diego que sujetase el timón y saltó al agua con un machete entre los dientes. Nadó hasta el infortunado pescador y decidió cortarle la barba para poder huir con él.

—¡No, mi barba no, antes prefiero que me coma el tiburón! —Gritaba el pescador.

Entonces Manuel tuvo una gran idea: cogió un largo mechón de la barba y lo ató a la cola del escualo, cortó el mechón y lo amarró con mucha fuerza a la cadena del ancla de su barco. Diego comenzó a subir el ancla, y con ella al tiburón, que de un fuerte coletazo se soltó y salió huyendo, para evitar terminar siendo la cena de nuestros protagonistas. En sus dientes quedó enganchada parte de la barba, con lo que se convirtió en el primer tiburón barbudo de la historia.

—Mi nombre es Jeremías y, como me habéis salvado sin afeitarme a machete, os compensaré con un buen regalo—Dijo el barbudo mientras ofrecía una caja a Diego—. Se trata de un ungüento especial, secreto de familia, que unto en mi barba para atraer a los peces; sólo os diré que, entre otras cosas, lleva queso de cabra.+

Tras dar las gracias a su curioso nuevo amigo, partieron hacia su casa, pescando por el camino enormes peces tras introducir sus carnadas en el apestoso mejunje, que olía como unos calcetines que alguien hubiera usado durante semanas.

Manuel, Diego y Jeremías fueron buenos amigos para siempre, aunque descubrieron que el cebo misterioso no sólo llevaba queso, sino que además era fermentado durante meses dentro de los calcetines de Jeremías, y para colmo mientras éste los usaba.








JUAN, mi niño grande. Sus aficiones fueron la pesca, la mar, la montaña, el senderismo; en otro orden de cosas, leer, escribir —artículos de opinión, relatos, cuentos, ensayos... 
Todo está publicado, —salvo los cuentos para los hijos de sus amigos, que no pudo editar antes de partir a donde la enfermedad, el dolor y la muerte, no existen. TE QUIERO. (Mamá)

10 de abril de 2016

45 FOTOGRAFIAS HISTORICAS



Fotografías de momentos históricos, desde que Daguerre inventó la fotografía, hasta nuestros días. La mayoría no han sido vistas. Sobre esos momentos históricos se han realizado innumerables películas, documentales, etc. Lo interesante es ver la imagen de personas que la Historia ha convertido en personajes. Hechos luctuosos, adelantos en técnica, tragedias naturales, (Terremoto de S. Francisco), eventos, guerras, alianzas, etc., son hitos que marcaron el rumbo de la Historia. Esta es una pequeña muestra.

Perrita dice Mamá.. (Thais)





Como os dije, Thais dice 'mamá'. Está impaciente para que abra la puerta y ver a Luis, que la va a llevar a pasear. 

Perrita Thais en Valencia fallas


Mi querida perrita THAIS paseando en Valencia. ¿Sabéis que dice "mamá"?
Eso lo veréis o escucharéis en el siguiente vídeo. Ya tiene más de doce años, es tierna, inteligente, cariñosa... Es un amor.