12 de febrero de 2017

MAYA



  
Domingo.
He salido con mi perrita por la zona de mi barrio. He visto un precioso perro —parecía un Golden retriever— en realidad, una perrita llamada Maya. La familia esperaba al abuelo, que llegaba con Maya suelta, alegre y con expresión de felicidad. La perrita fue recibida con alborozo por los niños, la madre y el abuelo, fue besando a sus nietos mientras Maya trotaba y sonreía feliz.

Pensé: Qué felices están todos, comparten la alegría, el paseo y las patatas fritas… 



Miré a Maya y ella contestó con una mirada alegre y sonreía más, si cabe. Entonces sentí mi soledad ensanchándose más y más. Thais y yo nos fuimos alejando para llegar a una avenida donde hay zonas de hierba, donde ella se revuelca boca arriba para levantarse y sacudirse. Siguió el recorrido habitual volviendo a tirarse en la yerba, disfrutando de su frescura.

Tras descansar en un banco del parquecito, volvimos a recorrer el camino inverso hacia casa. Maya y su familia ya no estaban. Por un momento regresó a mi mente el hermoso cuadro amoroso de Maya y su familia, los niños abrazando al abuelo, recibiendo a Maya y la mirada complaciente y feliz de la madre, la nostalgia —creí ver un velo de tristeza en su mirada— del abuelo, que casi con seguridad volvería a estar sólo consigo mismo en su casa; saliendo a tomar el sol en un banco donde coincidía con otros abuelos, unos, callados; otros, discutiendo amablemente sobre esto y aquello:
—En mis tiempos… —y así seguía, volviendo a un pasado que fue presente.

Pueden creer que, sin dudarlo ni un momento, sin avergonzarme ni sentirme menos persona, recordé a Maya y sentí cierta desazón por no ser ella.
Decidí cantarle a Thais para espantar la tristeza.

22 de diciembre de 2016

NAVIDAD



De nuevo vuelven los días navideños. Las tiendas se llenan de gente, compran regalos, quienes tienen niños piensan en lo que les gustaría a los pequeños. Los supermercados y carnicerías están llenos, hay colas en todos los lados, y esperan pacientemente su turno.

 

No he querido pasar por esas tiendas, donde se exhiben cerditos recién nacidos muertos, corderos, carne de los que fueron terneros…  Las comilonas y los menús pantagruélicos son hoy lo que para demasiada gente, simboliza la Navidad.
Marisco, pescados caros, todo es poco para poner en la mesa. Compran champán vinos generosos, licores y dulces, turrones de todo tipo —hay hasta de arroz con leche— cuando no hace tantos años el mazapán, los polvorones, y el turrón, duro y blando, las peladillas, eran los postres de quienes se lo podían permitir.

La otra cara de la navidad se ve por las calles: gente sin techo, sin trabajo y por tanto, sin dinero que despilfarrar. Son aquéllos olvidados, invisibles, los que no pueden calentarse en días tan fríos, los que a duras penas llevan a su familia pan y poca cosa más, como todos los días, si es que comen a diario.


Hoy la navidad es un pretexto para empacharse, vestirse y competir, en lugar de compartir.
Los grandes almacenes, esos que desde los países ricos compran lo que se manufactura a base de esclavitud, para venderlo a precios prohibitivos. Y es la pescadilla que se muerde la cola; si no consumimos, a los esclavizados, explotados y malparados se les termina el trabajo abusivo, pero que con ello subsisten.
En realidad, en Navidad lo que se celebra es el nacimiento del Divino Niño, que con su ejemplo de vida —desde su humilde nacimiento a su muerte en la cruz— nos enseñó que lo más importante es el amor, la solidaridad, la compasión y la justicia social.

Y sí… es bueno celebrar su venida al mundo reuniéndose con familiares queridos y a veces lejanos hasta estas fechas, siempre que el amor, la armonía, la bondad esté por encima del aparentar, saciarse aunque sea sin apetito, emborracharse y amanecer para encontrarse con ‘las sobras’ y la resaca que la noche anterior dejó botellas vacías y rostros rubicundos, chistes, risas y ruido, mucho ruido de cohetes y demás artefactos explosivos que se venden aunque la ley lo prohíba.

No. Hace años que no me gusta la Navidad. Más bien me entristece.
Y a pesar de todo, me he visto entrando en un comercio para comprar turrón y mazapanes… porque en Nochebuena vendrán mi segundo hijo y su esposa a cenar conmigo. Lo que más apreciaré será su compañía.  
Al fin y al cabo, tengo mis debilidades, les ofreceré lo que más les guste, aunque en mi fuero interior recuerde a tantos seres queridos que partieron hacia la eternidad, sobre todo, a mi primer hijo, que siempre está en mi corazón.




14 de noviembre de 2016

REQUIEM

Una madrugada, del 14 al 15 de noviembre, mi hermana pequeña se nos fue... Querida hermanita, tú sabes que te quería y te quiero, que estarás siempre en mi corazón y mi recuerdo. ¿Sabes? No hay día en que no estés presente, aún me cuesta creer que ya no estás. Sólo pienso que —como solía decir— morir es un lujo asiático cuando la vida se torna dolorosa sin analgésico que palíe el sufrimiento. 
Y tú, querida pequeña, fuiste un grito en el desierto... Y luchaste, intentaste vivir con paz, amor, tranquilidad... 
Esa noche no la olvidaré. Y menos el siguiente día, en la despedida, cuando el sacerdote dijo: No rezamos por ella; le rezamos a ella, que ya está viendo el rostro de Dios.
Hasta pronto, hermanita. Antes o después estaremos juntas. Y la alegría volverá, el amor prevalecerá, y seremos una sonrisa y nunca más un grito. 

21 de octubre de 2016

NO PIENSO LLORAR-NOVELA

Novela: NO PIENSO LLORA
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Tras años de guardar el original de mi libro "No pienso Llorar" decidí por fin editarlo. En breve estará disponible en librerías, tanto en papel como en formato Ebook.

No es una novela para lectores juveniles, es para personas adultas, que sientan inquietud por leer algo distinto a la novela negra, aunque "No pienso llorar" tiene visos oscuros y narra con naturalidad y a veces con crudeza, los avatares de una niña atípica, protagonista de la novela, con celajes de realismo mágico. 
El mundo de los adultos se enreda en el infantil, de modo que sin que ellos se percaten, las interpretaciones de la niña que se mueve por el libro suelen escandalizar a los mayores, que desconocen que los niños piensan, cuestionan, inquieren respuestas, tienen un sentido de la justicia, ignorado tantas veces... Y Violeta —protagonista principal— no admite lecciones injustas.



Por ello, es una niña que piensa en la muerte desde la más tierna edad, impartiendo justicia y a veces venganzas que sólo ella conoce y que la resarcen de la falta de objetividad de las actitudes de sus mayores.
Etiquetada como "bellaca", despreciada e incomprendida, vive la realidad y lo irreal creando un mundo personal en el que se siente mejor.
Por la novela pasan personajes varios, adultos con quienes habla, comparte; cree que no puede ser parte de la familia por el diferente trato al que es sometida y piensa que nadie la quiere. pero se cuida de que no la vean llorar.
Dicen que es alocada, bellaca y la tildan de "avechucho". Todo ello deja una rémora persistente según va creciendo y, con toda seguridad, no ha superado...
Sí, es atípica, pero no una psicópata

Yolanda Salanova






































6 de julio de 2016

San Fermín llora sangre



Una fiesta de sangre y muerte, que Heminguay inmortalizó en su libro “Fiesta” — que universalizó los “sanfermines”, para mal de los inocentes toros— propició que españoles como extranjeros se desplacen a Pamplona para participar en un espectáculo brutal e indigno de cualquier país llamado ‘civilizado’.


 

 El toro ya no sabe dónde pisar, trata de huir y defenderse.
Por más que los taurinos defiendan “que es una tradición y no se puede tocar, mucho menos quitar, no deja de ser una carnicería cruel e innecesaria, que desprecia la vida de los animales, sin respetarlos lo más mínimo.

Una fiesta en la cual la gente se divierte con la tortura y asesinato de los toros, nobles animales, que sienten y padecen sufren y sólo desean vivir tranquilos, es deleznable en sí misma.

Quienes arguyen que “los toros son para eso, no sufren, les gusta” hacen uso de falacias que nadie se cree. Es justificar actos criminales contra seres sintientes y con derecho a la vida, al respeto y que deberían ser cuidados, en todo caso, por quienes los tienen. Pero no: que no nos hablen de ‘tradiciones’ y demás milongas; se trata del dinero, de las ganancias de ganaderos, intermediarios, toreros, plazas, hoteles, bares, y encima genera gastos del dinero público al ser subvencionados.

El alcohol corre por las venas de la mayoría de los que participan en el acoso al que llaman “encierro”, que viene a ser otro de los sufrimientos de los toros; para esperar el temible momento de ser expuesto en el ruedo ante una masa vociferante, que hierve cuando “el matador” —el verdugo— sale y empieza la masacre: uno a uno, los toros son ‘picados’ —se los lancea para que pierdan fuerza y sangre durante demasiado tiempo causando dolor y sufrimiento al inocente animal— y después arponeadoscon los arpones adornados con colores para disimular los seis arponazos que desgarran a las víctimas de la barbarie —los llaman banderillas— de los llamados humanos.
Y tras lucirse el torero-matador —nunca mejor dicho— con unos pases, entra a matar, a asesinar al toro torturado. Si acierta, el toro ¡por fin!, morirá y terminará su martirio. 
Pero si el toro no muere, atravesado su cuerpo y vísceras por el hierro del estoque, agonizando y con estertores de inmenso dolor, llega el que le da la “puntilla”, que tampoco acierta siempre... Y venga a intentar llegar con el puñal hasta el bulbo raquídeo, de modo que ser produce la parada cardio-pulmonar.
Pero no acaba ahí: Sin respeto alguno, cortan las orejas y/o el rabo del noble animal, ya cadáver, para ofrecérselos al matarife como trofeo de su asesinato. Mientras, suenan pasodobles fuertemente, la gente grita “olé”... y el pobre toro, o  lo que queda de él, es arrastrado al interior de la plaza ensangrentada.

Si unos por acción y otros por omisión, participan en crímenes tan abyectos, ¡que no traten de justificarse!, sabemos que la masacre de los animales es culpa de ellos. La sangre de todos los animales masacrados, caiga sobre sus cabezas. Lo denominen como quieran los taurinos, son cómplices necesarios del Holcausto Animal. 
 

Ojos de terror, caídas, los toros no saben por qué son acosados...
Es por la bestialidad de los primates humanos.
"Los animales son de Dios; la bestialidad es humana". 
 Víctor Hugo

18 de junio de 2016

Hallan pruebas de vida después de la muerte

No necesito pruebas. Lo sé.

La muerte es vida

Sí... creo en otra vida mejor, donde no exista el dolor, donde seamos todos iguales y nos encontremos ajenos a lo material, donde sólo valga el amor. Quiero creerlo y es lo único que puede dotar de sentido a esta especie de purgatorio —o infierno— que nos despoja de esperanzas.