- Un compromiso se rompe. Una promesa se incumple. Una traición permanece.
El amor a la vida es el más duradero, así como el verdaderamente auténtico.
Si siembras vientos, resguárdate hasta que pase la tempestad.
Los verdaderos amigos dejan de serlo cuando descubren lo cómodo que es tener conocidos.
Están tan cerca el odio y el amor, quepodrían ser hermanos de sangre.
Ser joven es tener ilusión de vivir,intentar conseguir metas, reírse con otros y creer que el tiempo no pasa. Ser viejo es tener prisa por morir, reírse consigo mismo, llorar solo y creer que ya no queda tiempo: Se tenga la edad que se tenga.
La belleza interior es la auténtica,pero muchos prefieren la exterior.
Se es profeta en tierra propia cuando se ha sido triunfador en tierra ajena.
La mente dirige al cuerpo hacia la salud o la enfermedad. Depende de tener o no interés por experimentar la vida.
Si crees en algo, te ayudará a tener motivos para hacer lo que haces. Si creas, tendrás motivos para creer que vives.
El talento es como el dinero: sólo lo tienen algunos privilegiados.
Quien teniendo talento no lo utiliza para enriquecer a los demás, es como quien tiene dinero y muere dejando su tesoro fuera de la mortaja: ésta no tiene bolsillos.
Una forma de ver la vida es riéndose de ella y lo más práctico para vivir muchos años. Al fin y al cabo, si negamos los problemas, dejan de existir.-
Si yo fuera amigo mío, no me fiaría de mí.
Empezó siendo una especie de diario donde contar mis vivencias. Por otra parte, el maltrato de los inocentes animales me conmovió y quise defenderlos... Ahora, después de largo tiempo, será un "cajón de sastre" donde podrás encontrar varios temas: artículos, poemas, vídeos, reflexiones, aforismos y además entradas personales según vayan aconteciendo.
25 de junio de 2011
AFORISMOS III ©
Un Lujo Asiático ©
¿Qué se puede hacer cuando sólose tienen ganas de dejarlo todo? Deseos irrefrenables de desertar, de marcharse sin más, sin explicaciones… Y lo peor: sin que nadie resulte dañado, sin dolor ni remordimientos; que sea un alivio para quienes se supone que una vez estuvieron cerca y que ahora tienen derecho a vivir su vida independiente. Que no sea tomado como un abandono o venganza, sin que nadie se sienta mal por lo que hizo o dejó de hacer…
La decisión se hace tanto más difícil cuanto más piensas en los otros, los que van a seguir viviendo, mal que bien, como ellos y el azar decidan o las circunstancias les condicionen. Me gustaría irme en silencio, sin ninguna parafernalia, sin pena ni gloria, sólo descargar de responsabilidad a cualquier ser que haya podido sentirse cercano a mi persona.
Escuché muchas veces aquello de nadie es imprescindible, lo he llegado a comprobar, es verdad: todo se supera, la vida sigue y la gente se habitúa a una ausencia que ya era, estaba y se convertía paso a paso en deber, obligación, exigencia, en fin… un lastre.
Es una vuelta a los orígenes, al nacer, un tránsito hacia no sé dónde, pero en algún lugar, dimensión, espacio o éter el pensamiento seguirá, la mente procesará ideas aunque no las transmita de manera sonora.
Es una vuelta a los orígenes, al nacer, un tránsito hacia no sé dónde, pero en algún lugar, dimensión, espacio o éter el pensamiento seguirá, la mente procesará ideas aunque no las transmita de manera sonora.
Y si no queda rastro, si todo lo que se encuentra, y ni siquiera eso, si no hay consciencia de ser, entonces la nada; tampoco habría dolor, ni arrepentimiento, deseos de regresar o de nuevamente partir.
Si nadie me necesita, entonces estoy de sobra. Si todo lo que puedo aportar son problemas, conflictos, incomodidades y sacrificios, estoy de más. Es probable que ya muy poca gente me piense… tal vez nadie. Por tanto, no sería una pérdida, y mucho menos irreparable.
Lo he repetido tantas veces… Morir es un lujo asiático.
Mis Queridos Héroes ©
HAY hombres que son héroes un momento por una hazaña difícil y arriesgada, los hay que lo son durante unas horas, un día; y hay millones de héroes anónimos que lo son día a día, todos los días de su vida.
De éstos ignorados héroes anónimos algunos han marcado mi día a día durante años; ellos no se consideran héroes, sino hombres normales, con sus defectos y sus virtudes como todo ser humano. Nunca le dieron importancia a la heroicidad cotidiana, continua y, por eso mismo, poco o nada valorada. Justo es que al menos les exprese mi agradecimiento.
Un hombre, esposo y padre, que se sacrificó durante muchos años por sus hijos, que cuidó de ellos cuando estaban enfermos, los educó en valores cristianos y éticos sin coartar la libertad de pensamiento y elección de los hijos, demostrando por ellos un gran respeto; que durante la adolescencia de esos hijos, con los conflictos generacionales, amén de los que acarrea la convivencia, con derechos y obligaciones, tratando de aplicar criterios que no pudieran interpretarse como contradicción con la madre, pues previamente se ponían de acuerdo.
Un padre que confió plenamente en sus hijos en esa edad peligrosa en que lo que dicen los amigos suele pesar más que lo que dicen los padres, pues la formación humanística transmitida con su ejemplo, conversaciones y lecturas daría su fruto; y no se arrepentiría, pues la confianza no fue defraudada.
Cuando ya medio adultos, los hijos comprenden más la condición humana y la función de los padres, se encuentran ya casi al mismo nivel de conocimientos y con elementos de juicio para discernir y opinar con ideas y criterio propios, las conversaciones se convierten en debates enriquecedores que arrojan luz, tal vez acrisolada por las dudas o la contraposición de opiniones, siempre en el respeto al otro aun disintiendo; un hombre que permitió y animó a sus hijos a seguir su vocación, aunque hubiera deseado que eligieran un camino menos arduo, pues siempre supo la valía de un trabajo deseado, que llenara el vacío de uno impuesto, sin interés vital para ellos, lo que resultaría alienante y a medio y largo plazo, conduciría a la más triste frustración.
Un padre que educa, ilustra, forma, y todo ello respetando la idiosincrasia y la libertad individual de sus hijos… Habrá muchos… no lo sé, quiero suponer que es así; y así fue en este caso.
Cuando la enfermedad invadió su cuerpo, jamás escuchamos una queja hacia nosotros, por el contrario, le quitaba hierro a los síntomas y a los efectos secundarios de los fármacos.
Su paciencia, su no darle importancia a la tragedia que sabía suya, intentar ‘no molestar’ —como si eso hubiera sido posible— llamando o pidiendo algo si él podía, aún con gran esfuerzo, procurárselo, fue proverbial.
En enfermedades previas que curaron, su actitud fue la misma: tratando de agradar, de no causar preocupación, ni siquiera se permitía desahogarse expresando temores que me consta tuvo.
La última fue esa enfermedad insidiosa y casi siempre mortal, que da la cara sólo cuando está ya avanzada y poco puede hacer la medicina. Pues bien, fueron casi dos años; cuando le faltaron fuerzas para sostenerse, con necesidad de veinticuatro horas de oxígeno, él, que siempre fue apoyo, tuvo la humildad de dejarse apoyar con cierto pudor, y siempre con una mirada agradecida y la expresión limpia, como su espíritu y su mirada.
De ingresos hospitalarios, pruebas, pinchazos, agujas y catéteres, sueros y medicamentos agresivos, a casa, a su cama —¡qué bien se está aquí— decía al volver. Y aún ocupaba un rato su sillón para compartir ratos con nosotros.
De ingresos hospitalarios, pruebas, pinchazos, agujas y catéteres, sueros y medicamentos agresivos, a casa, a su cama —¡qué bien se está aquí— decía al volver. Y aún ocupaba un rato su sillón para compartir ratos con nosotros.
Al final, hospitalizado, ya al límite de sus fuerzas, necesitó sedación. Morfina. Fue cuando tuvo la certeza de que la partida estaba próxima, y si me preguntan qué fue más doloroso, diría que el momento en que abriendo los brazos, sin hablar, no sé si por la emoción o la debilidad, se despidió de nuestros hijos en un largo abrazo indescriptible con el dolor moral en la mirada. Después, de mí. Sus últimas palabras, susurrantes, fueron “te quiero muchísimo”, antes de que la morfina hiciera su efecto. También me despedí más que con palabras que me costaba articular, con un ‘te quiero’ y mirando cómo se me iba, quise beber sus lágrimas apenas asomadas y contuve las mías: “Te prometo que pronto estarás mejor, estarás bien, te lo prometo”.
No pasaron dos días cuando partió hacia el Amor Divino. No dejé de hablarle, de estar junto a él, teniendo su mano y con la suya en mi corazón. Le canté canciones de cuando nos conocimos, las que le gustaban, alguna que interpretábamos a dúo de novios… Cuando por enésima vez mojé sus labios secos, a pesar del suero, percibí el movimiento de succionar el líquido, sonrió dormido y exhaló, sin estertor alguno, un soplo que respiré mientras le preguntaba si ya se iba… Su rostro resplandecía de paz, sosiego, no había un gesto de dolor ni angustia… Me despedí jurándole cuidar de nuestros hijos, y prometiendo que allá donde se encuentre, iré yo cuando me llegue el momento.
Entonces llamé a nuestros hijos —les había mandado a la cafetería a tomar algo caliente—, les avancé la noticia y entraron serios, pero serenos. Los delataba el movimiento de la garganta al tragar saliva. Tampoco lloré entonces.
Días después, mi hijo mayor trajo la noticia: recidiva del sarcoma sinovial que se le había extirpado dos años atrás y que tanto afectó a su padre. Fue la segunda intervención. Su brazo derecho quedaría más mermado de funciones. Pero no pararía ahí la cosa: no habrían pasado ni quince días cuando se detecta otro tumor, otra recidiva… Y esta vez, el remedio no podía ser otro que cortar por lo sano. No exagero si les digo que creí morir. Diez días después, le intervinieron. El brazo derecho amputado por encima del codo.
Todos quedamos sorprendidos por la reacción, inusual en estos casos, de normalidad, de la naturalidad con que incluso hacía humor de sí mismo. Temí que fuera una euforia por estrés postraumático y también los médicos… Pero no. A día de hoy, sigue siendo el mismo anímicamente, lo asume con tal longanimidad que asusta. Y causa admiración.
Antes de la operación, estuvo yendo a pescar con su esposa, con amigos, y… compró una caña para poder pescar con una sola mano.
Su hermano —difícil su situación, y también heróica— fue y es el bálsamo de todos; de su padre, su hermano y mío; apoyando, compartiendo, sin una queja ni una lágrima, fuerte en apariencia, aunque su delgadez se incrementaba por momentos, reflejo de lo mal que lo estaba pasando. Sin quejas ni aspavientos, quedándose a dormir con su hermano hospitalizado, charlando con él y su cuñada animándolos, riendo y… con tanto amor y olvido de sí mismo. El más pequeño… y tan grande.
Esos tres hombres son mis héroes, por ellos y con ellos he sufrido, he sido feliz, he llorado y he asumido —creo— los zarandeos que prefiero atribuir al azar, a la mala suerte.
Sólo lo irreversible es aceptado antes o después, por lo que tiene remedio se lucha; ante la desgracia, uno se rebela, lo niega, no da crédito a que esté pasando y se pregunta ¿por qué a mí. Por qué a ellos?, se desespera y vuelve a preguntarse ¿Por qué no a mí? Hasta que la realidad se impone por evidencia y entre lágrimas secas se empieza a asumir con inmensa tristeza, el duelo hay que pasarlo y estará un tiempo apretando el corazón. El dolor, como el amor, es intransferible… Y en ello estamos los tres, mis dos hijos y yo, y él, desde la Casa del Padre, sonreirá tratando de hacernos entender que esto es un tránsito, que morir es como nacer, algo natural, y espera el tiempo en que volvamos a estar juntos, mientras desde donde se encuentra, sigue cuidándonos.
Ahora ya saben por qué no podía escribir, me era imposible. Les pido disculpas por este regreso cargado de sentimiento emocional: tenía que hacerlo, tenía una deuda con mis héroes anónimos para el resto del mundo. Y quiero rendir un homenaje a todos los héroes anónimos que van por la existencia como si no pasara nada, aun teniendo el corazón en carne viva.
PD: Hace tres años, mi hijo Juan falleció. No podré olvidarlo nunca... ni quiero. Hoy estará junto a su padre, a quien amaba con locura. Quedamos mi hijo menor y... yo; y aquí sigo por él, porque no puedo hacerle sufrir. Si no fuera así, ya hubiera desertado.
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PD: Hace tres años, mi hijo Juan falleció. No podré olvidarlo nunca... ni quiero. Hoy estará junto a su padre, a quien amaba con locura. Quedamos mi hijo menor y... yo; y aquí sigo por él, porque no puedo hacerle sufrir. Si no fuera así, ya hubiera desertado.
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INJUSTICIA
Irena Sendler
ha muerto. La heroína que salvó la vida a miles de niños que iban a
asesinar los nazis durante la II guerra mundial, arriesgó su vida,
escondió a los niños, guardó sus nombres y, al finalizar la guerra
buscó a los familiares. Los nazis la torturaron, le rompieron los
huesos; pero ella siguió en su empeño. Propuesta para el Nobel de la
Paz, en su lugar se lo concedieron a Al Gore. Hoy son muchos los que niegan el Holocausto,
incluso historiadores. Si no luchamos contra el olvido, dentro de unos
años las generaciones venideras creerán que fue un mito, un montaje, la
infamia no puede, no debe triunfar. Difundir por toda la Tierra la
verdad de la matanza, del Holocausto, es un deber, para que el mundo no
vuelva a mirar hacia otro lado cuando están sucediendo crímenes contra
la Humanidad, que si se niegan, quedarán impunes.
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FLEMING, HISTORIA REAL
La
historia de una serie de acontecimientos que hicieron del pequeño
Alexander Fleming, hijo de un granjero, un prestigioso médico e
investigador, descubridor del primer antibiótico: la penicilina.
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Aforismos II ©
- Los pretextos son las mentiras más crueles, además de insultos a la inteligencia.
- El amor puede nacer, crecer, pero nunca muere: es asesinado.
- El intercambio sexual o es una profunda conversación o se convierte en una transacción comercial de trueque.
- No recuerdo quién dijo que bajo las sábanas carece de importancia la identidad. Mintió.
- Las heridas de amores mentidos no dejan de supurar. Jamás cicatrizan, como los desgarros. No hay injerto válido, salvo la propia piel del alma.
- El hedonismo tiene el riesgo de terminar en hastío. Y para éste no hay antídoto.
- Dos miradas que siguieron la misma dirección se hieren al mirarse frente a frente, si la dirección fue la equivocada.
- Cuando se consigue adormecer la conciencia, la felicidad, aunque espejismo, aparenta ser cierta.
- ¿Es el hombre física y química? Si es así, la mujer es alquimia.
- Si las almas se comunican, el lenguaje de los cuerpos es el complemento entre espíritu y materia. Ésta se sublima en la unión plena y desinteresada.
- Si todo vale en el amor y en la guerra, ¿hay algo válido en el desamor?
- Unos ojos dolientes pueden ser las ventanas de un espíritu especial. Otras veces son tan sólo un escenario.
- "Mejor ser engañado que engañar". ¿Y no sería más rentable si fuera a la inversa? Praxis.
- Los pactos están para romperlos, siempre que el acuerdo sea recíproco.
- Aquél que asciende sobre escalones humanos deja huellas de cadaverina aunque se cambie de zapatos.
- No vivo la vida. Ella me vive a mí.
- La próxima vez que nazca seré caballo y me llamaré "Julia”.
- Quizás el árbol no me deje ver el bosque; pero es que el bosque no me interesa.
- Si eres tonto, te utilizarán. Si inteligente, te temerán. De todos modos, tratarán de destruirte.
- Algo que puedo odiar: los intereses creados. Es casi imposible luchar contra ellos; y con ellos, terminas corrompiéndote.
- Cuando el corazón piensa deja de serlo para convertirse en una calculadora.
- Cuando nos resistimos a correr un riesgo, perdemos parte del futuro.
- Ser estúpido resulta rentable muchas veces. Hacerse el estúpido es la estrategia de oportunistas inteligentes.
- Una paloma arriesga en su vuelo tanto como al posarse en el suelo: pero se sabe libre.
- El libre albedrío suele estar coartado por prejuicios ajenos, si no lo está por conveniencia propia.
- "Los amores cobardes" no llegan a ser amores, simplemente a represiones.
- Vencer el miedo a la diferencia, a la distancia, a la inestabilidad, es decisión de aventureros o valientes. También de quienes tratan de cambiar la rutina de una existencia cubierta por sucedáneos.
- Los sucedáneos pueden convencer de que llenan la vida; hasta que, de pronto, se descubre su falso sabor.
- Si en el amor entra la gratitud como ingrediente básico se le ha dado un falso nombre.
- La verdadera amistad se constata cuando la entrega supera a la comodidad.
- Si te dicen que ocupas el tercer lugar en el afecto de alguien, arráncalo de tu corazón: el otro corazón está compuesto de escalones.
- Aborrezco las actitudes conformistas: son las que hacen permanentes la injusticia.
- Cuando los placeres de los sentidos se anteponen a los del espíritu, pobres placeres corporales. Según sacian el cuerpo vacían el alma. A menos que ésta se encuentre sometida por un empobrecimiento progresivo.
- Creí el talento un don inestimable y único. ¿Puedo haber confundido el talento con el oficio?
- No es posible amar sin admiración. Mas... ¿qué se admira? Habría que conocer los recovecos de las escalas de valores.
- El enamoramiento es la venda que cubre de valores; si la venda se desprende tropezamos con la cruda realidad.
- El sexo sin amor es una necesidad fisiológica. El amor sin sexo, comunicación incompleta. La conversación simultánea y recíproca de cuerpo y alma puede que sea amor.
- Las bellas palabras suelen tener la crueldad del artificio. Lo penoso es cómo se siente el engaño.
- Si volviera a nacer elegiría ser una planta y depender del sol y de la lluvia. Ellos no hacen distingos.
- Comparar a una persona con otra alabando a una —la placentera— y devaluando a la otra —la pensadora— no deja de ser, además de una elección, una canallada.
- Si un hombre, (o viceversa) una vez utilizada la mujer (o viceversa), la deja en la cuneta de su vida, es preferible colarse por la alcantarilla. Irá a formar parte de la camada de ratas, pues como tal la han tratado.
- Los experimentos con animales son crueles y cruentos. Los experimentos con seres humanos, sin ser evidentes, son crueles y cruentos además de indemostrables. Por eso quedan impunes.
- "Nada se destruye; todo se transforma". También el afecto: en indiferencia y hasta en odio.
- Compañero, tardé una existencia en buscar y encontrar el amor. Pero ignoraba que existen personas incapaces de amar.
- Resulta más difícil morir que matar. Pareciera que la vida se aferrara al cuerpo.
- El dolor físico responde a la anestesia. El del alma sólo puede recurrir a la eutanasia.
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